San Pedro de Atacama Express

Esta semana llegó mi amiga Mona desde Alemania a visitarme, y no la veía hace tres años. Ella había viajado por Sudamérica, pero nunca ha venido a Chile, por lo que se me ocurrió que el paisaje más diferente que podría ver sería el desértico norte de nuestro país. Así que nos vinimos a pasear a San Pedro de Atacama por unos días.

Visité San Pedro hace más de diez años, pero fue con un ex-pololo y en plan mochileo pobre, así que definitivamente vale la pena crear recuerdos nuevos con el señor esposo y Mona. Además en estos diez años San Pedro ha cambiado muchísimo. Cuando veníamos en el transfer desde el aeropuerto me di cuenta de que el río San Pedro, junto al que esa vez acampamos, se secó, y que las cuatro o seis calles que había en esa época se multiplicaron y ahora está lleno de hostales, restaurantes, cafés y tiendas por todas partes.

Ayer lo dedicamos a pasear por San Pedro y comer en dos cafés ricos, escuchar música linda en vivo y yo además aproveché de escribir harto.

El plan fue venir por cuatro días y tomar tres tours: Géysers del Tatio y Machuca; Valle de la Luna; y Piedras Rojas, que incluye visitar el Salar de Atacama y las lagunas altiplánicas.  Esta mañana hicimos el tour a los Géysers del Tatio, y recién acabamos de terminar el tour al Valle de la Luna mirando la puesta de sol en el Mirador Ckari. Subiré fotos de cada zona cuando vuelva a Santiago.

Estoy contenta porque, a pesar de lo cansada que estoy, estoy reponiendo energías y disfrutando mucho este viaje cortito. Extrañaba salir de Santiago.

Proyecto: 30 días de escribir.me

Anoche, curioseando en blogs ajenos, llegué al blog de Javiera Reescribir.me. Está inspirado en el proyecto Escribir.me de Aniko Villalba, bloguera de viajes argentino-húngara a la que sigo desde su blog Viajando por Ahí.com. En Escribir.me, Aniko explora un aspecto distinto de su escritura de viajes, o más bien es una exploración de los procesos de escritura creativa en general. El blog está completamente dedicado al proceso literario propio y ajeno, a escritores que escriben sobre escribir (suena redundante, lo sé), a recomendar ideas inspiradoras, citas sobre el proceso de escritura, anécdotas que han ocurrido mientras ella escribe, y un largo etcétera literario (¡incluyendo recomendaciones de dónde conseguir papelería!). Amé el blog. Era el empujón que necesitaba para comprometerme con lo que sé que tengo que hacer, porque no recuerdo haber sido más consciente de mí misma que cuando he escrito y me he leído posteriormente. A ratos para mí escribir es tan fuerte que lo siento de manera física, casi visceral.

Pero como soy perfeccionista y me complico con cosas como sobre qué escribir, es que se me ocurrió seguir la idea de Javiera y unirme al proyecto 30 días de escribir.me que, en palabras de Aniko Villalba, consiste en lo siguiente:

Los viajes me enseñaron a valorar la cotidianidad. “Cómo pasamos nuestros días es cómo pasamos nuestra vida”, dijo Anne Dillard. Si escribís aunque sea media hora por día, aunque no publiques ni se lo muestres a nadie, habrás pasado gran parte de tu vida escribiendo. Por eso tengo ganas de proponerles un proyecto para que hagamos juntos, a la distancia y en silencio. Durante los próximos 30 días, cada día publicaré un disparador o consigna corta para que ustedes escriban un texto de la extensión que quieran y con el formato que quieran en sus cuadernos o blogs. Son disparadores orientados a textos autobiográficos, pero pueden encararlos como quieran, o incluso escribir de otra cosa. No hace falta que los compartan, ni siquiera tienen que ser textos terminados. No le tengan miedo a los borradores. Lo importante es que los empiecen, se dejen llevar y disfruten esa media hora diaria, que sea una media hora para encontrarse con la hoja y la birome —o con la pantalla y el teclado— y con ustedes mismos. Nada más.

No escribiré todos los días en computador, porque dudo poder estar todos los días en la casa y no quiero cargar el notebook. Prefiero llevarme una libreta y escribir donde me pillen las ganas. Y además así uso alguna de las mil libretas vacías que tengo.  Quizás luego los pase en limpio, o quizás no.  Y, a diferencia de Javiera, que comenzó con un disparador escogido por ella misma, creo que para mí será mejor hacerlo en orden numérico.

Así que comienzo hoy con el Día 1, que dice así:

Día 1: escribí acerca de por qué escribís

En “Writing down the bones”, Natalie Goldberg dice que es bueno preguntarnos, de vez en cuando, por qué escribimos. Cada cual tiene sus motivos y acá no hace falta justificarse, solo escribir el por qué: porque no quiero olvidarme de mi vida, porque es lo que me sale hacer, porque escribir es lo único que no me aburre, porque quiero escribir novelas y vivir en un bosque, porque puedo inventar otros mundos, porque quiero vivir para siempre, porque no tengo con quien hablar, porque me duele, porque me hace feliz, porque me ayuda a recordar, porque me ayuda a olvidar. Porque sí.

Me parece que es una idea maravillosa. Media hora al día es hasta poco, encuentro yo. Media hora para vaciar la cabeza. A ver cómo me va con esto. ¿Se me unen?

Santa Clarita Diet

Creo que no había visto nada de Drew Barrymore desde 50 Primeras Citas, que salió hace como diez años.  Pero siempre me ha caído bien, porque me da la impresión de ser una gringa buena onda y relajada. En Santa Clarita Diet, la nueva serie de Netflix, Barrymore personifica a Sheila Hammilton.  Sheila y Joel (Timothy Oliphant) Hammilton son un matrimonio de corredores de propiedades que viven en Santa Clarita junto a su hija adolescente Abby (Liv Hewson).  La aburrida vida de esta familia en los suburbios de Los Angeles es el escenario perfecto para el inicio ultra trillado de una comedia familiar, pero la verdad es que esta serie lleva harto más humor negro y escenas gore que la típica serie.

Para tentarlos, les cuento que el primer capítulo es más o menos así: Una mañana, mientras la familia desayuna, Sheila se queja de dolor de estómago. No le toma mucha importancia y se va a trabajar junto a Joel. Más tarde, mientras le muestran una casa a unos clientes, Sheila vomita exageradamente, por lo que se va al baño para recuperarse. Cuando Joel vuelve al baño la encuentra inconsciente en el piso, cubierta en vómito. De hecho, absolutamente todo el baño se encuentra cubierto en vómito, con lo que esta se convierte en la primera escena asquerosa de la temporada, al menos para mí.  Joel la abraza y solloza porque cree que Sheila ha muerto, pero a los segundos Sheila abre los ojos como si nada.  Ya en casa, Sheila nota que no tiene pulso y que su sangre se ha coagulado en exceso.  Además, su apetito ha cambiado y parece especialmente tentada a comer carne cruda. Lógicamente, la serie no sería tan graciosa si los Hammond se limitaran a alimentar a Sheila con carne cruda del supermercado, ¿verdad? Obviamente en algún momento, Sheila probará la carne humana y querrá seguir consumiéndola. Esto traerá consigo complicaciones para este otrora aburrido matrimonio, quienes tendrán que hacer calzar la fachada de la familia perfecta con la realidad de tener una zombie en casa. Igualmente importante es la evolución de Sheila de pasar a ser un personaje aburrido,  plano y casi muerto por dentro, a la Sheila después de muerta. La nueva Sheila, paradójicamente, quiere vivir el aquí y el ahora, cumplir todas sus fantasías, pasar tiempo con gente nueva, divertirse. Sheila quiere comerse al mundo, literalmente.

Si bien comencé a ver la serie porque quería ver el regreso de Drew Barrymore, me he encontrado con unas actuaciones geniales de parte de Timothy Oliphant (Joel) y de Liv Hewson (Abby).  El personaje de Joel me ha llamado particularmente la atención considerando que es él quien se convierte en la voz de la cordura entre una esposa zombie  y una hija adolescente, además que es quien sostiene la esperanza de que todo vuelva a la apacible normalidad. Por otra parte, Abby es una dulce e impulsiva adolescente que intenta encajar en esta nueva realidad familiar, demostrando que es capaz de estar a la altura de la situación y mantener la templanza al mismo tiempo.

La serie se complementa además con personajes secundarios e igualmente interesantes. Destaco al vecino geek Eric Bemis (Skyler Gisondo), que ayuda a los Hammond con sus conocimientos poco convencionales; y al vecino policía Rick (Richard T. Jones), quien disfruta de cuidar su jardín y fumar marihuana junto a Joel.  Atentos también a la aparición de Portia de Rossi como la doctora Cora Wolf hacia el final de la temporada.

Hace tiempo que no me mandaba una maratón con una serie, o binge watching, como le dicen. Pero esta valió la pena. Los capítulos son cortitos y la comedia le sienta maravillosamente a la dupla Barrymore-Oliphant. Definitivamente espero que Netflix la renueve.

¿La vieron ya? ¿Les tincó?

Mi experiencia: 7 años usando la copita menstrual

Advertencia: El siguiente post contiene lenguaje explícito respecto a mis períodos menstruales y mi experiencia con copas menstruales de diferentes marcas.

La relación más larga que he tenido, además de la relación con mi señor esposo, ha sido con la copita menstrual.  La he usado por casi siete años y jamás se me ocurriría volver a usar toallas higiénicas o tampones.  En este post quiero contarles toda mi experiencia usando copitas, por si quieren considerar esta alternativa para sus flujos menstruales, contándoles qué es una copa menstrual, cuáles son mis razones para utilizarla, así como comentarles mi experiencia con las dos copitas que he utilizado en este tiempo.

¿Qué es una copa menstrual?

La copa menstrual consiste básicamente en recipiente flexible que se introduce en la vagina y recoge la sangre menstrual, impidiendo que entre en contacto con el aire. Al quedarse la sangre menstrual todo el tiempo dentro de la vagina, se evita el proceso de descomposición que sí ocurre con las toallas, lo que puede acarrear malos olores e infecciones.  Es importante que la copa menstrual que decidas usar sea de silicona médica (la misma que usan para las sondas), ya que es el único tipo de material flexible que no genera problemas al introducirlo en el cuerpo humano.  Además, no permitas que tu copa contenga colorantes, suavizantes o algún otro tipo de aditivo que pueda generar alergia.

Imagen de Lunette.com

La forma de utilizarla es introducirla en la vagina. La copa es flexible, por lo que se dobla permitiendo su inserción. Una vez  dentro de la vagina la copa se abre y se adhiere a las paredes por succión. Sí, como un sopapo.  Una vez en su lugar la copa no se mueve, independiente de los movimientos que realices, por lo que puedes hacer deporte, nadar, bailar y realizar prácticas sexuales que no involucren penetración vaginal (sólo si es que tus períodos menstruales no son dolorosos, obviamente).  Para vaciarla debes introducir un dedo para romper la succión, sacarla y vaciar la sangre menstrual. La idea es enjuagarla con un poco de agua y volver a introducirla por otras horas más.

Mis razones para usar la copita menstrual

Como mes contaba, luego de estos casi siete años usando copitas menstruales, reafirmo en cada ciclo que jamás volvería a usar toallas higiénicas o tampones.  Es más, cada vez que paso por el pasillo de los productos para el período menstrual, me viene una sensación de asco asociada a lo desagradable que me resultaba tener que sentir la toalla pesada por la sangre recogida, el olor penetrante de la sangre al contacto con el aire y la irritación en la piel de mis muslos por el material de las toallas.

Con los tampones mi experiencia no fue mucho mejor. Cada vez que insertaba uno recordaba las advertencias acerca del síndrome de shock tóxico, y contaba las horas exactas para removerlo. Además, rogaba por no desarrollar una infección vaginal por la sequedad que producen (recordemos que los tampones no distinguen entre sangre menstrual y fluidos vaginales normales, simplemente absorben todo).

Lo que me atrajo de la idea de usar la copita fue optar por una alternativa ecológica a los métodos convencionales de protección sanitaria.  Imaginen el número de toallitas o tampones que usamos en cada ciclo y multipliquémoslo por todas las mujeres que nos rodean, entre familiares, amigas, compañeras de estudio o trabajo, etc. El número de kilos de basura que generamos es gigante.  De hecho, según el sitio Copita Menstrual, cada cien mujeres menstruantes se producen aproximadamente 6500 kilos de basura al año.

Además, al ser reutilizable por varios años, el ahorro económico es considerable.  No recuerdo el valor de las toallas higiénicas hace siete años, pero redondeemos en $4.000 pesos chilenos mensuales entre toallas diurnas y nocturnas.  En un año habré ahorrado $48.000 pesos chilenos, y en siete años $336.000 pesos chilenos (casi 500 dólares), el equivalente a un notebook barato.  No sé ustedes, pero yo considero que es un ahorro increíble.  Además, no estoy sumando el valor de los medicamentos que me he ahorrado con las infecciones por humedad que he prevenido por usar la copita.

Por otra parte, cada vez que usaba toallas sentía que andaba “mudada”. Así, tal cual. Como si anduviese con un pañal gigante y constantemente tuviese que preocuparme de si me manché la ropa. Las sentía todo el tiempo, y en verano me resultaban particularmente incómodas. La copita no se siente, varias veces he olvidado que está ahí, y olvidarme de vaciarla por varias horas no va a causarme síndrome de shock tóxico porque no está interactuando con ningún otro elemento químico como el que traen los tampones.  Como soy profesora, necesito estar de pie y moverme por la sala, por lo que necesito algo que me permita sentirme cómoda y tranquila mientras trabajo.

Así que, en resumen, mis razones fueron: higiene, ecología, economía y tranquilidad.  De hecho, mientras escribo esto, siento que son razones maravillosas para preferir un producto por sobre otro, y son razones que pocas veces se presentan en la sociedad de mercado en la que vivimos.

Mi experiencia con Mooncup UK

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Imagen de Mooncup.co.uk

La primera copita que usé fue de la marca inglesa Mooncup UK.  La compré en Japi Jane hace siete años y sigue en perfectas condiciones.  Mooncup tiene dos tallas, yo compré la talla B para mujeres menores de 30 años o que no hubiesen tenido hijos por parto vaginal aunque ya tengo 30 y la seguiré usando hasta el infinito. Fue importante para mí saber que la talla corresponde a la calidad del piso pélvico, que va disminuyendo con la edad y con el parto, y no al volumen de flujo menstrual como yo pensaba.  Además, las toallas higiénicas son sumamente engañadoras, porque hacen parecer que el período es más abundante de lo que realmente es.

Recuerdo que la Mooncup venía en una caja pequeña, con una bolsita de tela para guardarla y un manual de uso.  El manual indicaba las dos típicas técnicas de doblado de la copa para una inserción más sencilla, así que probé ambas y me quedé con la forma de flor.

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Inserción de la copa menstrual usando el doblado en forma de flor.

Cuando la inserté la primera vez noté que quedaba parte del “palito” un poco afuera, así que corté alrededor de un tercio. Me costó acostumbrarme, porque lo corté muy recto y me pinchaba, así que corté otro tercio más y finalmente me quedó menos de medio centímetro de palito. En realidad, el palito me sirve sólo para sentir dónde está la copa cuando quiero retirarla, ya que no es recomendable tirar la copa para romper la succión.

He usado la Mooncup por un poco más de seis años y nunca he tenido problemas con ella. Es una copa básica fabricada con silicona médica incolora, y según he leído, en cuanto a longitud, es una de las más cortas del mercado, lo que podría explicar por qué le resulta cómoda a mi útero en retroversoflexión. Durante los años que la he usado se ha tinturado levemente de amarillo, posiblemente por el hierro de la sangre, pero no es algo que me incomode.  De todas formas, personalmente prefiero eso a saber que estoy introduciendo elementos con blanqueadores, como los tampones; o colorantes, como copas de otras marcas.

Mi experiencia con Copita Menstrual

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Imagen de CopitaMenstrual.cl

A principios de este año tuve la posibilidad de conocer la Copita Menstrual, que es una copita de diseño y fabricación chilena.  Me llamó la atención conocerla, pues me parecía una buena alternativa a la Mialuna.  No he probado la Mialuna personalmente, pero algunas amigas me han comentado contras de la marca, como que el colorante de algunas copitas tinturadas les ha causado alergias, o que el material de la copita es demasiado blando por lo que no se abre completamente y les genera filtraciones de flujo.  Por ahora no pretendo comprar la Mialuna para probarla porque con la Mooncup y la Copita Menstrual tengo más que suficiente, pero quizás en el futuro la pruebe para darles una opinión más informada y de primera fuente.

Volviendo a la Copita Menstrual, me parece que es muy similar a la Mooncup, sobre todo en su simpleza.  También es una copa básica, fabricada en silicona médica incolora.  Tiene talla única, lo que también facilita las cosas, ya que por su flexibilidad creo que se adapta a todo tipo de cuerpo.  A pesar de ser milímetros más larga que la Mooncup, no me ha molestado.  Al igual que a la Mooncup, a la Copita Menstrual también le corté el palito, así que realmente se parecen mucho.  A mi juicio, las sutiles diferencias entre ambas está en la estructura de las copitas, que paso a contarles a continuación.

Comparación Mooncup UK vs Copita Menstrual

Como les comentaba, estéticamente ambas copitas se parecen mucho. Ambas son copas básicas de silicona médica incolora. Estructuralmente, las paredes del “cuerpo” de la Mooncup son más gruesas que las de la Copita Menstrual, por lo que la Mooncup es más rígida y se abre de inmediato una vez dentro.  El cuerpo de la Copita Menstrual es más flexible, pero el borde de la copa es bastante rígido, por lo que la copa entera mantiene su forma, lo que encuentro genial.

Tengo la Copita Menstrual desde marzo de este año y he intentado ir alternando su uso para ofrecerles una opinión más honesta.  Sin embargo, estos últimos cuatro meses me he dado cuenta de que he preferido usar la Copita Menstrual por sobre la Mooncup por una razón muy sencilla: la apertura de la Copita Menstrual dentro de la vagina es más controlada que la de la Mooncup.

Me explico: como la Mooncup es más rígida que la Copita Menstrual, al abrirse dentro de la vagina lo hace muy rápido, por lo que a veces me sobresalta o me molesta levemente.  La apertura de la Copita Menstrual es más lenta, por lo que no se siente tan fuerte como con la Mooncup.  Igual puede ser porque he dejado de tomar pastillas anticonceptivas y quizás estoy más sensible, pero prefiero que conozcan mi opinión real.  Además, considero que la Copita Menstrual es más manipulable y flexible, especialmente para mujeres que están recién comenzando a usar la copita.  De todas maneras, me encantan las copitas de ambas marcas y no creo que me deshaga de la Mooncup ni que adquiera ninguna otra.

¿Dónde las encuentro?

  • Mooncup: Desde Chile puedes comprar la Mooncup online en Carethy a un valor aproximado de $20000 pesos chilenos; o en su sitio web oficial a un valor aproximado de 26 euros ($18500 pesos chilenos aprox) con envío incluido.
  • Copita Menstrual: Puedes comprar la Copita Menstrual online en su sitio web oficial a un valor aproximado de $17000 pesos chilenos. En regiones, puedes encontrarla de acuerdo a su red de distribuidoras.

 

Si tienes alguna pregunta, no dudes en hacérmela en los comentarios.

¡Un beso!

Probando: Rekorderlig Cider

Hace muy poco tiempo, a través de una página de Facebook, me enteré de que había llegado la sidra Rekorderlig a Chile. Estaban posicionando la marca con un concurso en el que había que comentar por qué te gustaba la sidra Rekorderlig.  Mi comentario fue este: “Amo la Rekorderlig porque era mi primera opción en los carretes que nos pegábamos en Inglaterra hace algunos años. Cada vez que he viajado la he buscado, la última vez que tomé fue el año pasado en USA (me compré un pack para mí sola!)… y cuando vi que habían llegado a Chile pegué un pequeño gritito de emoción.

A los días me enviaron un mensaje para contarme que me enviarían regalos de la marca. Yo esperaba algo pequeño, pero llegaron dos botellas de 500 ml. de las variedades Strawberry-Lime y Passionfruit.  Estaba tan feliz con el regalo que las dejé en el refrigerador y esperé el momento indicado para abrirlas, momento que llegó esta calurosa tarde de primavera.

Esperaba el momento preciso para abrirlas porque para mí Rekorderlig evoca momentos muy lindos de la vida cotidiana en Inglaterra, me hace recordar celebraciones importantes junto a amistades que siguen presentes en mi vida a pesar de la distancia enorme que nos separa. Es hermoso que sentidos como el olfato o el gusto te recuerden momentos o personas que han jugado un rol importante en la vida, se vuelve poderosa la memoria cuando nos recorre el cuerpo entero.

Rekorderlig es una sidra sueca de sabor dulce y refrescante. Cuando viví en Inglaterra pude probar otras marcas de sidra, como Strongbow o Bulmers, pero a mi gusto ninguna se compara en sabor a Rekorderlig. Obviamente esto es una mirada muy personal que conlleva un valor emocional, pero hasta ahora no he conocido a alguien a quien no le haya gustado una dulce Rekorderlig helada en verano o a temperatura ambiente en invierno.

Hoy saqué la botella de Strawberry-Lime del refrigerador, la abrí con cuidado, inhalé su aroma frutal característico y serví la mitad en un vaso. Mi esposo quiso tomar la mitad restante directo de la botella “para recordar los buenos tiempos”, me dijo.  La bebimos lento, disfrutándola, riendo al recordar anécdotas graciosas de cuando bebíamos la misma sidra en el living de nuestra casa en Birmingham. El sabor se sintió exactamente igual y el pecho se me llenó casi al instante de buenos deseos por quienes nos ayudaron tanto en esos años extranjeros. A pesar de que hace tiempo que no escribía acá, sentí que tenía que escribir esto, que tenía que contarles que existe una bebida que me transporta, que me obliga a agradecerle a la vida por las experiencias vividas y por quienes han estado ahí para vivirlas conmigo.

Pueden encontrar información sobre sus puntos de venta en su página de Facebook.