Santa Clarita Diet

Creo que no había visto nada de Drew Barrymore desde 50 Primeras Citas, que salió hace como diez años.  Pero siempre me ha caído bien, porque me da la impresión de ser una gringa buena onda y relajada. En Santa Clarita Diet, la nueva serie de Netflix, Barrymore personifica a Sheila Hammilton.  Sheila y Joel (Timothy Oliphant) Hammilton son un matrimonio de corredores de propiedades que viven en Santa Clarita junto a su hija adolescente Abby (Liv Hewson).  La aburrida vida de esta familia en los suburbios de Los Angeles es el escenario perfecto para el inicio ultra trillado de una comedia familiar, pero la verdad es que esta serie lleva harto más humor negro y escenas gore que la típica serie.

Para tentarlos, les cuento que el primer capítulo es más o menos así: Una mañana, mientras la familia desayuna, Sheila se queja de dolor de estómago. No le toma mucha importancia y se va a trabajar junto a Joel. Más tarde, mientras le muestran una casa a unos clientes, Sheila vomita exageradamente, por lo que se va al baño para recuperarse. Cuando Joel vuelve al baño la encuentra inconsciente en el piso, cubierta en vómito. De hecho, absolutamente todo el baño se encuentra cubierto en vómito, con lo que esta se convierte en la primera escena asquerosa de la temporada, al menos para mí.  Joel la abraza y solloza porque cree que Sheila ha muerto, pero a los segundos Sheila abre los ojos como si nada.  Ya en casa, Sheila nota que no tiene pulso y que su sangre se ha coagulado en exceso.  Además, su apetito ha cambiado y parece especialmente tentada a comer carne cruda. Lógicamente, la serie no sería tan graciosa si los Hammond se limitaran a alimentar a Sheila con carne cruda del supermercado, ¿verdad? Obviamente en algún momento, Sheila probará la carne humana y querrá seguir consumiéndola. Esto traerá consigo complicaciones para este otrora aburrido matrimonio, quienes tendrán que hacer calzar la fachada de la familia perfecta con la realidad de tener una zombie en casa. Igualmente importante es la evolución de Sheila de pasar a ser un personaje aburrido,  plano y casi muerto por dentro, a la Sheila después de muerta. La nueva Sheila, paradójicamente, quiere vivir el aquí y el ahora, cumplir todas sus fantasías, pasar tiempo con gente nueva, divertirse. Sheila quiere comerse al mundo, literalmente.

Si bien comencé a ver la serie porque quería ver el regreso de Drew Barrymore, me he encontrado con unas actuaciones geniales de parte de Timothy Oliphant (Joel) y de Liv Hewson (Abby).  El personaje de Joel me ha llamado particularmente la atención considerando que es él quien se convierte en la voz de la cordura entre una esposa zombie  y una hija adolescente, además que es quien sostiene la esperanza de que todo vuelva a la apacible normalidad. Por otra parte, Abby es una dulce e impulsiva adolescente que intenta encajar en esta nueva realidad familiar, demostrando que es capaz de estar a la altura de la situación y mantener la templanza al mismo tiempo.

La serie se complementa además con personajes secundarios e igualmente interesantes. Destaco al vecino geek Eric Bemis (Skyler Gisondo), que ayuda a los Hammond con sus conocimientos poco convencionales; y al vecino policía Rick (Richard T. Jones), quien disfruta de cuidar su jardín y fumar marihuana junto a Joel.  Atentos también a la aparición de Portia de Rossi como la doctora Cora Wolf hacia el final de la temporada.

Hace tiempo que no me mandaba una maratón con una serie, o binge watching, como le dicen. Pero esta valió la pena. Los capítulos son cortitos y la comedia le sienta maravillosamente a la dupla Barrymore-Oliphant. Definitivamente espero que Netflix la renueve.

¿La vieron ya? ¿Les tincó?

¡Feliz cumpleaños, Gabriela!

Hoy estaría de cumpleaños una de mis lesbianas y feministas favoritas. En Chile la Mistral es recordada como una mujer de rasgos agrestes, cabello recogido en un moño severo y mirada dura. Esta figura gris dista mucho de la imagen de profesora bonachona que enseñaba en Montegrande, que escribía poemas tiernos y rondas musicalizadas para que las aprendiéramos en enseñanza básica.  Dista aún más de la deprimida mujer que vio cómo la vida se le escapaba de las manos junto a un suicida Yin-Yin. Y dista mucho más de la apasionada enamorada que se envolvía, coqueta, en conversaciones cariñosas y largos intercambios de cartas con su fiel Doris Dana.

Fue Doris Dana quien finalmente nos regaló esta última imagen de Lucila.  Fue su fidelidad con Gabriela y con su recuerdo lo que nos permitió conocer a la Nobel en una faceta que algunos se empeñan en negar: la faceta de la lesbiana prendada de su joven amante.  Dana nos permitió ponerle un rostro a poemas ardientes, reconocer en Gabriela una intensidad y candor desconocidos y nos permitió comprender en profundidad su obra. Gabriela se nos mostró poeta y Doris nos mostró a la mujer.

“Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos”.
(Fragmento de carta de Gabriela Mistral a Doris Dana, diciembre de 1948).

En virtud de estas reflexiones que me mandé hoy, los invito a ver el documental Locas Mujeres de María Elena Wood, en el que se retrata la relación amorosa entre Gabriela Mistral y Doris Dana, todo esto basado en el material recogido por Doris Atkinson, sobrina de Dana.

Películas que yo no quisiera que usted viera

Hace un par de semanas, considerando el cierre del semestre, rogué a los cielos poder tener unos poquitos días para descansar.  Al parecer lo que ocurrió fue que los cielos me escucharon, pero como no especifiqué las condiciones bajo las que habría querido descansar, los mismos cielos me enviaron una odiosa gripe.
Llevo casi cuatro días así, tres de los cuatro con licencia.  Claro, no fui a trabajar, pero en consecuencia me encontré con tercianas, sudando, botando todos los mocos que no he botado en un año, tosiendo el alma y sintiendo como si me hubiesen pateado la espalda sin compasión.
Díganme alharaca, pero no es mucho lo que se puede disfrutar cuando duele todo.
Entre ayer y hoy, aprovechando que el dolor de cabeza y de ojos (sí, de ojos) se disiparon, he aprovechado de ver algunas películas.  Netflix ha funcionado como las pelotas, pero estoy demasiado enojona como para esperar que cargue otra cosa, así que vi las siguientes joyas cinematográficas:

Safety not Guaranteed (2012)

 
Por qué la vi:
Porque en Netflix aparecía en la categoría de comedia, actuaban Aubrey Plaza (April Ludgate en Parks and Recreation) y Jake Johnson (Nick Miller en New Girl) y en el afiche decía que era de los productores de Little Miss Sunshine.
De qué se trata:
La película se trata de tres compañeros de trabajo en una revista que viajan a un pueblito playero a buscar a quien sea que puso un aviso buscando un compañero para viajar en el tiempo.  La que se toma la cosa más en serio es April Ludgate, quien engancha con el científico loco que quiere viajar en el tiempo. El chiquillo de lentes que se ve en el afiche es un nerd que no hace nada más que dar pena hasta que Nick Miller lo hace emborracharse para perder la virginidá.  Y además de eso, Nick Miller se pasa toda la película intentando saber si salta la liebre con quien fue su amor de juventud.  La cosa es que uno nunca cacha bien si el tipo está loco o si efectivamente va a viajar en el tiempo, porque entremedio aparecen unos agentes del gobierno que lo persiguen y le embolinan la perdiz a una.
Qué me pasó con la película:
De comedia, nada. No me reí ni una sola vez. Tampoco suspiré cuando el Arnau entrega su flor, ni cuando April Ludgate y el científico loco se besan.  Quizás para mí es muy hipster todo esto.

The Human Centipede I (First Sequence) (2009)

Por qué la vi:
Esta no sé por qué la vi. No, mentira, sí sé: porque no soy asquienta y me gusta tentar mi tolerancia a ver películas malas y asquerosas tipo Saw y Hostel.  Además, la secuela de esta película fue prohibida en UK, entonces quise ver qué tan horrible sería lo que inspiró la secuela.  Y esto mismo es la justificación para ver la segunda parte.
De qué se trata:
Muy simple.  Un doctor loco, especialista en separar siameses, rapta tres turistas con la intención de conectarlos a través de un sólo sistema digestivo, creando un requetepatitas humano.  Lo asqueroso del asunto es cómo logra crear ese único sistema digestivo: cosiendo el ano de una de las “partes” a la boca de la siguiente “parte” de la cuncuna.  Por partes, me refiero a personas.
Qué me pasó con la película:
No mucho, fue bien decepcionante en realidad.  Me estaba preparando psicológicamente para ver algo que seguramente superaría otros ejemplos de asquerosidades cinematográficas, pero no.  Lo más asqueroso fue imaginar el asunto del sistema digestivo porque la película no lo muestra tan gráficamente. O quizás estoy acostumbrada a otras películas peores.

The Human Centipede II (Full Sequence) (2011)

 

Por qué la vi:
¿Qué tanto más podría hacerse a partir de una película tan mala como The Human Centipede I? La vi sólo de curiosa, de puro querer saber cómo podrían sacarle más el jugo a la idea inicial.  Y obviamente, quería saber por qué la prohibieron en UK.
De qué se trata:
Un tipo loco (sí, otro más) se obsesiona con la película The Human Centipede I  y se pasa los días pensando cómo lograr llevar a cabo la cirugía de la película, esta vez con 12 personas.  Y digamos que lo logra.
Qué me pasó con la película:
Esta película sí que se va a la mierda.  Puedo entender por qué con la primera uno queda medio “meh!”, pero con esta parte uno queda como “wah!” y da asco en serio.  Además, está en blanco y negro, por lo que da una sensación de más locura todavía.  Pero resulta que cuando el tipo secuestra a todas las potenciales “partes” de la cuncuna, la cosa se pone asquerosa y latera y es una sucesión de gritos y cortes y sangre y agujas y ya no es tan divertido.  Confieso que me aburrió y la adelanté sólo para ver si el loquito armaba finalmente el requetepatitas.
Esa ha sido mi pésima selección cinematográfica.  Espero que sólo sea la gripe actuando y pueda volver a escoger buenas películas algún día.  Y recuerde, cada vez que algo vaya mal, piense que al menos no le tocó estar al medio de una cuncuna humana.